RELACIONES ENTRE CONTROL SOCIAL Y ESTRATEGIA REPRESIVA
Estudio histórico y actual del proceso en Euskal Herria
9.- CRITICA DE LAS PRACTICAS DEL ACTUAL SISTEMA REPRESIVO:
Hemos dicho que uno de los objetivos del sistema actual es el de lograr que la profecía de la derrota vasca irrecuperable se cumpla a sí misma. Se trata de crear la sensación social de que no sólo no es posible ya ningún avance democrático sino que, sobre todo, incluso lo poco que la autonomía de la CAV ha logrado, sin enjuiciar ahora nada más, puede ser perdido si se mantiene la lucha. Los alienados tienen una frase que expresa el secreto de lo que tratamos según la cual "dios te lo da, dios te lo quita". Pues bien, el sistema represivo actual dice abiertamente que el dios-Estado nos concedió a algunos vascos algunas cosas, y como hemos sido malos puede quitárnoslas y condenar a bastantes de nosotros al infierno carcelario. Es una modernización de la vieja "voluntad divina inescrutable" y de la "divina ira" por los pecados de sus súbditos. No es una afirmación esta caprichosa, sino que la activación de la irracionalidad reaccionaria y antivasca que está realizando el Estado no puede triunfar si no activa a la vez el profundo miedo a lo inescrutable que debe tener todo reaccionario racista. Y es que la irracionalidad se nutre del miedo a lo desconocido e incognoscible, y sobre todo a la voluble ira del poder, volubilidad no racionalizable por ningún lado y que expresa la fuerza aplastante de quien tiene la facultad de dar o quitar la vida.
Aunque en los contextos racionales en los que nos movemos la izquierda abertzale, no prestamos atención a la enorme influencia política de lo inconsciente e irracional al ser manipulado y excitado por el poder opresor, no pode ello debemos menospreciar el problema, al contrario. Cuando todo el subsistema de manipulación mediática está volcado además de en otros objetivos, también en el de dar por supuesta la derrota inapelable de las reivindicaciones vascas y en demostrar la decisión férrea del Estado en avanzar en esa dirección, es que ese subsistema tiene la orden de, por un lado, activar la euforia triunfalista y victoriosa del españolismo y, por otro, meter miedo. Son dos caras de la misma moneda porque el miedo pretende paralizar a franjas de la población vasca, y la imagen de decisión y fuerza implacable pretende movilizar al españolismo. Son dos tácticas de una muy antigua guerra psicológica que no podemos exponer ahora, pero que repitió en su tiempo el general Mola cuando lanzaba octavillas advirtiendo de crueldades exterminadoras si los vascos no se rendían en 1937. En la noche del 23 de febrero de 1981, el sublevado general Milán del Bosch reeditó el bando militar que había emitido Mola el 18 de julio de 1936. Estos y otros muchos ejemplos nos remiten al papel del miedo y también a la importancia de azuzar la euforia en el propio bando. A otra escala, UCD ya dio publicidad a sus "planes antiterroristas" y otro tanto hizo el PSOE, y hasta el PP, tras un período de silencio oportunista, como hemos visto, ha difundido machaconamente su actual sistema.
Pensamos que la mejor forma de estudiar cómo se desenvuelven en la práctica estos métodos de guerra psicológica es analizando sus repercusiones en los cuatro subsistemas del sistema represivo. No partimos del vacío experimental, sino que la experiencia acumulada en muy amplia e incluso algunas de las cosas que estudiaremos nos recordarán a prácticas mantenidas por el PNV y el PSOE, y otras muchas nos remiten a las prácticas cotidianas de control social, a los métodos habituales de vigilancia, a las técnicas de manipulación propagandística y a los métodos policiales. Lo que ocurre es que ahora el nuevo sistema represivo, como totalidad sinérgica, hace que cada uno de los subsistemas adquieran una cualidad superior por el simple hecho de ser partes de un sistema superior que los integra y orienta. Ya hemos hablado con algún detenimiento del papel vital que juega la centralidad estratégica del Estado en esa orientación e integración, y lo vamos a ver prácticamente en lo que sigue.
9-1.- EL CONTROL SOCIAL Y EL ACTUAL SISTEMA REPRESIVO:
Sabemos que el control social es el subsistema más "bajo" por decirlo de algún modo, más relacionado con la cotidianeidad de la gente y, sobre todo, con la formación de la fuerza de trabajo social. Cuando esa fuerza de trabajo pertenece a una nación oprimida, el control social sufre una especial contradicción por cuanto refleja, de un lado, las relaciones de identidad establecidas por pertenencia a la nación oprimida, aunque sean relaciones patriarcales y burguesas, pero, de otro lado, refleja en mayor o menor grado las relaciones de la identidad opresora por cuanto se dan en áreas sociales no vascas o mixtas o por cuando han asumido la dominación extranjera aun siendo vascas. Es decir, de la misma forma en que la cotidianeidad refleja y expone el choque entre la identidad oprimida y la opresora, también lo hace el control social. Esta contradicción es apreciable, por ejemplo, en los cada vez más abundantes casos en los que unos padres votantes de partidos españolistas tienen sin embargo hijos abertzales. Tales contradicciones reflejan y demuestran la tendencia descendente del españolismo y la ascendente de la identidad vasca, y son una de las razones, como hemos dicho, que explican la preocupación española y también francesa. Existen muchos más ejemplos al respecto que no podemos exponer ahora.
Sabemos igualmente que en este subsistema existen muchas áreas o partes específicas que han nacido por el empuje de la complejidad del proceso general capitalista. Hemos intentado sintetizar seis grandes zonas o bloques que hemos citado muy brevemente al comienzo de este escrito. La más importante de todas ellas, la primera, es la opresión de género, con especial función de la institución familiar. Su importancia radica en que es el subsistema decisivo en la formación de personalidades alienadas y sumisas, pero también, al contrario, el lugar decisivo en el que las personas reciben los primeros datos de su identidad nacional vasca, de su apego a la libertad y a la dignidad. Por esto mismo, todos los sistemas represivos han vigilado desde siempre su poder en esta decisiva área, especialmente cuando se trata de evitar que se propague la conciencia nacional del pueblo oprimido. Pues bien, ya a comienzos de la década de 1990, el PNV y la Ertzaintza habían insistido en la importancia de movilizar a los padres en el control familiar de la juventud, y otros representantes del poder más reaccionario, como fiscales y obispos, insistieron también en la necesidad de aumentar los controles en esta área. Uno de los mensajes básicos del PP desde esa época fue llevar la "presencia del orden" a ese subsistema, y conforme se tensionaba la lucha hasta el PSOE ha pasado a ayudar al PP.
Hay que tener en cuenta que dicho endurecimiento se produce en un contexto de opresión de la mujer tanto en el trabajo doméstico como en el trabajo asalariado, con el aumento de su precariedad y de su pobreza, lo que aumenta su dependencia para con el hombre y de paso, su mayor carga de obligaciones. Desgraciadamente, la reserva conservadora y reaccionaria que el sistema patriarco-burgués obtiene gracias a la opresión de género interviene en este decisivo caso no sólo como fuerza electoral sino también como colectivo de control cotidiano y de presión ideológica en la cotidianeidad. El miedo masivamente lanzado por la manipulación propagandística se suma a la incertidumbre vital causada por la precarización de la existencia, y, como resultado, las fuerzas reaccionarias así movilizadas tienden a blindar el españolismo frente a la racionalidad democrática de las reivindicaciones vascas. Si para colmo, el marido o el padre es especialmente españolista y está envalentonado por la propaganda estatalista, entonces es posible que se formen las condiciones para la incubación de una fuerza movilizable cuando así lo indique el sistema represivo.
Si las condiciones no son tan propicias porque son más sólidos los factores conscientes y la identificación con el país, o la conciencia nacional vasca está desarrollada aunque no al nivel abertzale e independentista consciente, entonces aunque no se forme esa fuerza estatalista, si puede producirse por esas presiones estatales una intimidación, un miedo que fuerce un repliegue, un enclaustramiento en la "vida privada" abandonando o debilitando los lazos prácticos con la realidad pública. No sería la primera vez en que por estos u otros factores, como la presión desmovilizadora del PNV, muchas de sus bases más o menos lejanas y sectores intermedios pero que sentían simpatías más o menos difusas hacia el pr5oyecto de ese partido, pasaron de la ilusión a la apatía y a la desmovilización. En estos casos, tan estudiados y frecuentes, se abre una peligrosa brecha por la que pueden entrar todas las propagandas más reaccionarias o por las que pueden escaparse las debilitadas certidumbres políticas. Si en estos momentos hay alguna persona con especial carácter de líder en las relaciones cotidianas, pasa a ser la que realice el control social más inmediato y transmita las órdenes del sistema represivo y controle su cumplimiento con toda serie de trucos afectivos, amenazas, comentarios, etc.
No hace falta decir que lo aquí visto se refuerza en la segunda gran área del control social, la de la opresión de la juventud, con especial función del orden educativo y universitario. Uno de los grandes recursos que tiene el poder en general en el control cotidiano es el de la "educación" de la infancia y de la juventud. Y cuando esa "educación" se produce en una nación oprimida con una muy fuerte memoria militar, entonces tenemos todos los boletos para que se agudice al extremo la presión del poder extranjero para desnacionalizar a la infancia y la juventud en su mismo contexto familiar y educativo. No podemos hacer un seguimiento del trato creciente de que es objeto la juventud en los sistemas represivos de UCD, PSOE-PNV y del PP, pero ahora es innegable que el actual sistema represivo ha decidido intervenir en esta segunda área del subsistema. Uno de los momentos cruciales fue el de mediados de la década de 1980, cuando era patente que se empezaba a producir un distanciamiento generacional, que llegó a ser corte generacional a mediados de la década siguiente, cuando todos los esfuerzos reaccionarios para reprimir las ansias de la juventud fracasaron. Después, el sistema ya no pretende "integrar" a la juventud vasca, sino simplemente destruirla.
Simultáneamente, se lanzan varios "modelos opcionales" de ser joven en la actualidad, todos ellos recorridos por una constante que no es otra que el respeto perruno a la ley y al orden. Cometeríamos un error al creer que el único mensaje es el de la españolidad más rancia y joseantoniana. Es cierto que este modelo está presente en algunos sectores, pero incluso en las "nuevas generaciones" del PP se busca un anzuelo más actual, menos desprestigiado. Ahora bien, se trata de un truco de adaptación a los cambios para modernizar el españolismo a las condiciones del siglo XXI, no para suprimir el españolismo en la moda del globalismo, del europeísmo, etc. Esto nos obliga a plantear la construcción de la identidad de la juventud vasca desde una realidad muy actual en la que los referentes de la reconstrucción sean más visibles que nunca gracias a sus propios contenidos de rebeldía y dignidad histórica, es decir, de lucha permanente por los derechos elementales.
La tercera área, muy relacionada con esta, es la de la explotación asalariada, con especial función del sindicalismo estatalista que, al margen de las diferencias secundarias entre sus dos grandes representantes, es desde finales de la década de 1970 una fuerza claramente españolizadora y procapitalista. Hay que hacer tres grandes subáreas dentro de este bloque: una, la de la feroz explotación de la mujer trabajadora en base a la ayuda que tiene la patronal de la previa opresión de género; pero ahora lo que nos interesa es cómo el sistema represivo pretende utilizar esta explotación especialmente débil para aumentar el españolismo y atacar a la identidad vasca, y la forma más importante no es otra que la de echar las culpas de todo y de las incertidumbres de la precarización a la lucha abertzale, culpabilización en la que participan los sindicatos españoles y que busca volver contra la democracia obrera a la reserva reaccionaria que el sistema patriarco-burgués ha introducido en las mujeres. Dos, la explotación de la juventud masculina en base a las formas de precarización que padece; explotación destinada no sólo a aumentar los beneficios del capital, sino también a debilitar a la juventud como grupo decisivo en la lucha del pueblo trabajador, y sobre todo, lo mismo que lo que hace con las mujeres trabajadoras, pretendiendo culpabilizar a la lucha abertzale de su situación. En los dos casos, interesa advertir del inhumano esclavismo que ejercen no sólo las ETT.s sino la totalidad del sistema que de un modo otro participa en la explotación de esas franjas asalariadas. Y tres, el grueso de la masa asalariada, con sus múltiples fracciones y niveles internos, y que también es sometida a un chantaje implacable por parte del españolismo, con la agravante de que al tener más edad que la juventud y al ser hombres, se creen poseer algún poder sobre la juventud y las mujeres, descargando sobre estos sectores sus frustraciones.
Aunque en algunas zonas de Euskal Herria el sindicalismo abertzale y nacionalista es mayoritario, a escala nacional el problema del estatalismo sindical franco-español se hace no sólo en las movilizaciones a favor del sistema dominante sino sobre todo en su defensa del marco estatal impuesto, ahogando por sus propios intereses cualquier intento de cuestionarlo y haciendo depender el futuro de la clase trabajadora del mantenimiento de la opresión nacional, o sea, de la presencia de los estados ocupante en Euskal Herria con sus leyes capitalistas. En la medida en que el sistema represivo estatal presione a las burocracias sindicales para que se movilicen más activamente en defensa de la españolidad y del francesismo, en esa medida, los sindicatos irán asumiendo mayores responsabilidades en el mantenimiento del orden estatalista. Los esfuerzos del PP para que todos ellos firmen y acepten su pacto con el PSOE es un ejemplo concluyente.
Un área, la cuarta, en la que más se aprecia descaradamente la "nueva" represión es en el área administrativa en todos los sentidos, con especial función de los servicios que de un modo u otro recogen, ordenan y sintetizan datos de cualquier índole de la población. En todos los lugares institucionales en los que los estatalistas dominan por lo que fuera, o en los que no dominando por mayoría sí lo hacen gracias al apoyo directo o a la pasividad colaboracionista de los regionalistas, en esos sitios, la tendencia al endurecimiento antieuskaldun va a una velocidad de vértigo. Bien es cierto que ya padecimos una situación anterior que anunciaba lo que podría venir, y nos referimos a la que se inició con el Pacto anti-ETA y luego creció con el Lazo Azul, pero estaba dirigida casi exclusivamente contra la izquierda abertzale, mientras que ahora se trata de atacar a la totalidad de lo euskaldun. Verdad es que no en todas las instituciones y entidades se está avanzando en ese ataque a la velocidad que desea el sistema represivo, y que en bastantes sitios las reacciones populares contienen las ganas de los funcionarios, pero también es verdad que aumentan las presiones desde los partidos y sindicatos españoles, desde sus medios de manipulación, etc., para aumentar el ataque antivasco.
Aunque las resistencias que encuentra el sistema represivo actual para atacar en esta área son grandes, no tenemos que menospreciar su fanatismo a la hora de forzar a sus militantes o simpatizantes para que participen o cumplan las directrices estatales. Hay que tener en cuenta que muchos de ellos están en esos puestos por un simple sueldo y que más temprano que tarde pueden recibir amenazas o chantajes para que cumplan las órdenes, y que otros sí tienen contenidos ideológicos españolistas aunque no militen en esos partidos. En estos casos, les presionan con todos los instrumentos que estamos analizando, más con el llamamiento a su ideología españolista. Aquí tiene especial importancia lo que hemos dicho anteriormente de aumentar el orgullo racista y la euforia por tener un "líder español" que resuelva todos los problemas. Una de las tácticas del actual sistema represivo es la de presentar a esta gente como víctimas de la "violencia abertzale", que al poco tiende a convertirse en "violencia vasca". Recordemos la anterior campaña española de "preparar las maletas" de los emigrantes para que se fueran del país. Pues cosas de esas se van a multiplicar, y en base a ellas, el sistema represivo pedirá la colaboración práctica de esa gente en la "reconquista del norte".
La quinta área, la de la sanidad pública y privada, con especial función de los sistemas de control de la fuerza de trabajo, de los accidentes, de la llamada "salud mental", no tiene una especial tarea en el control policial de las masas desde la perspectiva estricta del orden directo, sino sobre todo desde y para el importante orden psicológico y mental, con especial relevancia en el control de los crecientes problemas de irracionalismo a la hora de entender un mundo que aparece caótico, peligroso e incierto. Esta área del subsistema de control social ha sido siempre importante en el capitalismo y se acrecienta conforme se deteriora la calidad de vida psicofísica, afectiva y sexual de la gente, deterioro que tiene una importancia clave, además de otras causas inconscientes que no podemos ahora exponer, en la reaparición de pulsiones autoritarias, miedos a la libertad, odios racistas y xenófobos, violencias machistas, etc. Todos los procesos de involución contrarrevolucionaria han ido acompañados y a la vez han azuzados de y un empeoramiento alarmante del equilibrio psicosomático y del deterioro del nivel consciente de la estructura psíquica de masas. Actualmente, todos los datos indican que además de empeorar la salud psicofísica colectiva, también y sobre todo se multiplica el alarmismo amedrentador e histérico que lanzan los medios de propaganda manipuladora del poder. El sistema represivo necesita de una sociedad vasca histérica, neurótica, esquizofrénica y desquiciada que, como terapia salvífica, lleve al poder a un "líder" que simboliza la seguridad, los valores, la fuerza, la decisión y la valentía que esa sociedad ha perdido con su desquiciamiento provocado por la manipulación realizada por la guerra psicológica, un capítulo estratégico en el sistema represivo.
Por último, la sexta área de asistencia social a los sectores precarizados, marginados y excluidos, con especial función de todas las entidades privadas o públicas necesarias para su funcionamiento también tiene sus funciones dentro del sistema represivo. De hecho, históricamente, ha sido en estas fracciones que aumentan con las crisis en donde las derechas más brutales han extraído sus matones más sanguinarios, sus provocadores y criminales. Las policías han reclutado y siguen reclutando en ellos buena parte de sus confidentes no especializados, etc. La guerra "sucia" ha sacado siempre de esos grupos buena parte de sus mercenarios, y las relaciones entre la policía y las mafias siempre se han mantenido mediante el sacrificio periódico de parias y peones de baja importancia para mantener a los capos libres de casi toda persecución, y hay que recordar que las mafias han sido y son fuerzas contrarrevolucionarias sin escrúpulos. La potenciación de un ideal de salvación personal y rehabilitación social de esta gente es común en el nazi-fascimo, franquismo, etc., ideal que ocultaba el hecho verdaderamente egoísta de que esta gente --entre la que hay también auténticos revolucionarios como se vio en el movimiento COPEL y otros muchos-- sólo buscaba su salida individual. En Euskal Herria tenemos mucha experiencia del papel de gente de estos círculos en el tráfico de drogas ilegales, que son armas de guerra biológica, así como en grupos de extrema derecha y fascistas que aparecen y reaparecen periódicamente, cuando lo necesita el sistema represivo permanente. No es de extrañar sino al contrario, que asistiéramos a la reaparición de grupos de esta calaña, como ya se ha denunciado desde la prensa libre y crítica.
9-2.- LA VIGILANCIA SELECTIVA Y EL ACTUAL SISTEMA REPRESIVO:
El sistema represivo no podría rentabilizar al máximo la efectividad controladora de las áreas arriba vistas ni del control social en su generalidad, de no disponer de un subsistema de vigilancia muy sofisticado y que abarque la totalidad de la vida colectiva e individual. A este respecto hay que tener en cuenta que, primero, en todo el sistema capitalista la tendencia objetiva e imparable es la de extender e intensificar la penetración en la sociedad de la vigilancia total y, segundo, esta tendencia también está impulsada por la necesidad económica de las empresas en seguridad y en tecnologías del control global, de modo que, por ambas razones la vigilancia se impone en las sociedades con ritmos marcados por sus contradicciones internas. En este sentido, hay que hablar de la ley de desarrollo desigual y combinado de la vigilancia en todo el capitalismo. Ahora bien, en Euskal Herria, además de estas razones capitalistas generales, también existe una tercera o primera, según se quiera, que no es otra que la necesidad imperiosa de los Estados que nos oprimen y de los gobiernillos regionalistas productos de la descentralización administrativa por vigilar en primera instancia a la izquierda abertzale, en segunda instancia a todo los sectores que de algún modo pueden relacionarse con ella, y en tercera instancia a sus propias bases y militancia. Es decir, tanto por la opresión nacional como por los intereses de estos grupos, además de por las tendencias objetivas capitalistas, la vigilancia es en Euskal Herria un elemento estructural, aunque otra cosa sea su efectividad última.
Pues bien, para aumentar esta efectividad, sin la cual la represión policial, la manipulación mediática y la totalidad del sistema represivo --especialmente su capítulo de guerra psicológica-- perderían mucho de su poder, se están imponiendo tecnologías de vigilancia que atentan contra los derechos colectivos e individuales, como se ha denunciado múltiples veces. Sin embargo ahora no estamos aquí para la denuncia legal sino para el estudio crítico del problema. Y la base de la crítica es que la vigilancia no se detiene ante nada ni nadie porque es consustancial al poder e imprescindible para que éste sepa cómo mover sus fichas adelantándose a los oprimidos. Para adelantarse a los oprimidos la vigilancia ha de disponer de los más posibles medios de observación, y en muchos de sus puntos, han de ser invisibles o han de pasar lo más desapercibidos y camuflados que la tecnología permita. Pero, además, la vigilancia ha de establecerse en todos los lugares públicos y privados donde se almacenen datos colectivos e individuales, por donde pasen y circulen personas, mercancías, bienes, objetos, etc., es decir, en todas partes en las que los programas de tratamiento de datos puedan extraer conclusiones, sintetizar pautas medias de comportamiento, resumir flujos sociales de actividad material o mental, cultural, política, consumista, afectiva... En otras palabras, la vigilancia lo que pretende y hace con más o menos efectividad --otra cosa es que los oprimidos superen y desborden el sistema-- es digerir y dar cuerpo teórico a todos los comportamientos que en masa se producen en la vida cotidiana.
La vigilancia dispone de los instrumentos que necesita, y si no los tiene en ese momento el Estado o las instituciones no pierden mucho tiempo en aplicarlos. Con esos instrumentos que tienden por necesidad a ser siempre los más adelantados tecnológicamente, la vigilancia trabaja a tiempo completo para poner a disposición de los diversos poderes y subpoderes toda la información que estos necesiten. Esta cuestión también tiene que ser analizada porque uno de los objetivos de la manipulación propagandística, y una de las necesidades del sistema represivo en sí mismo, es hacer creer que la vigilancia exclusivamente trabaja para lo que llaman "proteger la democracia", es decir, para el Estado y otras instituciones, pero no para la extensa red de subpoderes, micropoderes y poderes delegados que aseguran el sistema en sus mismas bases interiores. Y es que en los colegios y universidades, en las administraciones e instituciones, en los bancos, cajas y empresas de seguros y financiación, en hospitales y centros de salud, en fábricas y empresas, en centros comerciales y distribuidoras, etc., es decir, en la totalidad de los sitios por los que inevitablemente ha de tramitar cualquier informe o permiso, pedir trabajo, consumir o divertirse, cuidar su salud o la de sus allegados, educarse e informarse, estudiar euskara, hacer voluntariado social o militancia democrática, pedir préstamos o avalar a terceros, etc., funcionan por simple necesidad de orden y de agilización de la explotación capitalista, nacional y patriarcal, los sistemas de vigilancia característicos de ese nivel concreto. Y es que esos datos son puestos a disposición de los poderes que en esa área funcional, pero también a disposición de los poderes de otras áreas que tienen algún interés en conocerlos.
Para comprender esta facilidad de los poderes a la hora de acceder a la información que necesitan hay que entender, en primer lugar, la lógica esencial al modo de producción capitalista, con sus componentes patriarcales, y en segundo lugar pero dialécticamente unido a lo anterior por la unidad del proceso histórico, a la opresión nacional y los beneficios que esta produce al capitalismo. Así, no sólo un empresario que quiere expulsar fuerza de trabajo tiene acceso a la información que necesita ofrecida gustosamente por otras vigilancias, sino que tiene mucha más información necesaria para expulsar o amedrentar a los sindicalistas abertzales y revolucionarios, con el apoyo incondicional del sindicalismo estatalistas. Del mismo modo, un colegio de curas y monjas, o público o una universidad, o una simple academia privada, tienen la información que necesitan sobre la juventud en general y especialmente sobre la abertzale, pero también colaboran entusiásticamente en mejorarla con su experiencia y en ponerla a disposición de los poderes que se la soliciten. Por esto decimos que es vigilancia selectiva, es decir, que cada una de ellas tiene la función de seleccionar aquella en la que trabaja y tratarla convenientemente para que sus intereses concretos sean protegidos, pero también para facilitar los intereses "hermanos" de otros poderes. La vigilancia es selectiva en cada área porque de lo contrario el sistema represivo entero se obturaría en su funcionamiento al no poder digerir los inmensos aluviones de información desordenada y no clasificada que recibiría.
Estos ejemplos se pueden multiplicar casi hasta el infinito porque responden, como decimos, a la necesidad del poder en general y en sus formas particulares. A su vez, esta necesidad es la que les obliga tanto a mantener la tecnología más efectiva para las crecientes necesidades como a racionalizar en lo posible los programas de tratamiento, análisis y síntesis de los datos obtenidos. Si una o varias áreas del poder en general se rezagan más tiempo que la media en la cada vez más rápida modernización tecnológica, con el deterioro consiguiente en la información que obtiene y aporta, o sea con su envejecimiento y obsolescencia, entonces más temprano que tarde intervienen diversos poderes centralizados y especializados que le llaman al orden o le ayudan con subvenciones para que modernice sus medios de vigilancia. La información envejecida no es sólo la que da cuenta de comportamientos ya demasiado pretéritos de los que no se puede extraer conclusiones válidas para el presente y el futuro, sino también la información tratada y clasificada con métodos anticuados y lentos para la rapidez alcanzada de desenvolvimiento de las contradicciones sociales. De este modo, la obsolescencia del subsistema de vigilancia se muestra fundamentalmente en que no sirve para avisar de cosas que pueden suceder, en que comunica cada vez más tarde cosas que ya han sucedido y, por último, que cada vez comunica de menos cosas que han sucedido. Todas las sociedades tienen estos sistemas de evaluación de la efectividad de la vigilancia, y es el Estado el que en última instancia se encarga de su funcionamiento. Precisamente esto es lo que hace con los cambios en el sistema represivo y en el subsistema de vigilancia selectiva.
La agudización e interrelación creciente de las contradicciones sociales obliga a que las diversas vigilancias también se interrelacionen. Tecnológicamente siempre ha sido factible esa interrelación, pues como muestra la experiencia histórica, en cada época el poder ha dispuesto de centros en los que se coordinaban las informaciones. Los avances tecnológicos permiten desde que se inventó, por ejemplo, el telégrafo, el teléfono y la radio la estrecha intercomunicación a tiempo real y en red de muchas vigilancias, desde luego de todas las que el poder dominante en esa época y contexto necesitaba insertar en la red. Esta evolución tecnopolítica es inseparable de la de los sistemas represivos y de la de los propios Estados burgueses, pero ahora no podemos extendernos al respecto. Pues bien, en Euskal Herria la conexión en red de las vigilancias es una dinámica muy avanzada y sobre todo está ya concluida la red central y estratégica interior a la red de vigilancias. Por ejemplo, la conexión en red y a tiempo real de los juzgados, centros de urgencia de los hospitales, centros de poder político interno y externo, cuarteles de la policía y militares, y salas de redacción de los medios de manipulación propagandística, es ya una realidad. De hecho es la aplicación a Euskal Herria de la tendencia objetiva imparable en todo el capitalismo pero con el agravante añadido de que aquí cuenta con el apoyo incondicional de las fuerzas regionalistas.
Sobre esta estructura material de vigilancia sofisticada, el sistema represivo actual interviene de dos maneras específicas como son, una, y en la que insistimos, la definición del objetivo de "reconquista del norte" y, otra, la inyección de los recursos necesarios para que las vigilancias multipliquen su efectividad. Quiere esto decir que no sólo son recursos económicos para modernizar las tecnologías de vigilancia, sino también recursos políticos, propagandísticos e ideológicos, judiciales y legales, etc., adecuados al objetivo estratégico machaconamente reiterado. No podría ser de otro modo porque es muy importante para que las vigilancias funcionen a la velocidad necesarias impuesta por el sistema represivo central, el que al menos algunos de sus agentes internos asuman esa "reconquista del norte" como tarea personal militante y presionen a los demás para que cumplan los objetivos o no los boicoteen activa o pasivamente. Hay que tener en cuenta aquí que en muchos de los lugares en los que se ejerce la vigilancia hay trabajadores que no son nacionalistas españoles y menos aún imperialistas reaccionarios, que tienen lazos personales y afectivos con gente del país, que son incluso abertzales y demócratas, etc. Esta realidad compleja y rica ha sido siempre uno de los obstáculos infranqueables para los anteriores sistemas represivos, y el actual del PP es muy consciente de la necesidad de atemorizar y acallar a esos sectores, y, por ello mismo, en la antagónica necesidad de envalentonar y movilizar al españolismo en todos los lugares de donde se puede extraer cualquier vigilancia que ayude al sistema represivo.
9-3.- LA MANIPULACIÓN MEDIATICA Y EL ACTUAL SISTEMA REPRESIVO
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